Estaba yo en mi silla de ruedas preguntándome si el amor y la discapacidad eran posibles, hasta el momento tenía la creencia de que siempre quedaría un hueco vacío en mi corazón.
Ahora tras diez años soportando y aceptando mi discapacidad física me doy cuenta de que el amor llega a todo el mundo.
Os contaré mi historia acerca del amor y la discapacidad, como os decía estaba yo en mi silla de ruedas cuando vi venir a lo lejos un chico guapísimo. Nunca habría sido capaz de tal cosa pero cuando vi que era invidente le dije “Adiós guapetón”, él se sonrojó porque no estaba acostumbrado a tales piropos.
Con gran sorpresa él se giró y dijo “quién osa reírse de un ciego”, cuando me atreví a contestarle “nunca me permitiría reírme de nadie, y, menos aún, de un chico tan guapo como tú”. Él continuó sorprendido pero no se marchaba de allí, así que aproveche para contarle mi problema. Poco a poco fuimos haciéndonos amigos mientras crecía nuestro amor y la discapacidad que padecíamos parecía desaparecer o por lo menos pasaba desapercibida.
Las personas afectadas por cualquier deficiencia física o psíquica tienden a pensar que el amor y la discapacidad nunca pueden ir de la mano. Pero se equivocan y es que todas las personas buscan amor en sus vidas, además de evitar la sórdida soledad. El amor y la discapacidad no son incompatibles, por ello los que no la padecemos debemos ser mucho más comprensivos y no cerrar las puertas a una persona con alguna deficiencia.
Foto titulada /\”discapacitados\”/, enlace:
https://alfondo.wordpress.com/2010/11/30/informe-revela-abusos-a-discapacitados/
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